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MINDFULNESS ON THE GO! EPISODIO 02 / Vivir de un día a la vez

El famoso multitasking (hacer más de una tarea al mismo tiempo), que durante un tiempo pareció ser una gran virtud, hoy se nos volvió en contra. Os contamos las claves para desconectar y disfrutar el momento presente con todos los sentidos.

Contestamos un whatsapp mientras bañamos a los niños. Preparamos el café, encendemos el horno, sacamos la ropa, y organizamos nuestro trabajo profesional, todo a la vez. Salimos a caminar pero pensamos en la lista del súper, y a la vuelta -ya que estamos-, hacemos llamadas pendientes. Estamos aquí, estamos allá, y no estamos en ningún lado. Y el dato es que nuestro cerebro no es multitasking. El multitasking es el entorno que no para de generarnos necesidades, y tirarnos estímulos por la cabeza.

Entonces en nuestro afán por adaptarnos, nos estresamos, nos dispersamos, y perdemos el eje y la paz mental. Somos adictas a hacer esos “2×1” de la vida cotidiana. Pensamos siempre en “optimizar” el tiempo. Creemos que cuanto más ocupadas, mejor (más útiles). El mandato de ser productivas, es agotador. Por eso, es clave frenar a tiempo. Mirar a la ansiedad de frente, y ponerle el límite. Sí, como a los hijos.

Existen investigaciones que demuestran que hacer muchas cosas a la vez atenta contra nuestra creatividad y niveles de concentración. Claro, vivimos en un mundo en donde cada vez hay más información: las redes, la tele, la radio, las revistas. Todo es inmediato, y todo está abierto las 24 horas. Y así, sin querer queriendo, nos vamos desconectando de nuestro ser, de nuestras ganas, y dejamos de registrar lo que necesita el cuerpo. Porque estamos siempre haciendo algo. Y más cuando el trabajo -que antes quedaba en el trabajo-, ahora nos acompaña en la palma de la mano hasta a la cama.

No es casualidad que existan aplicaciones que nos recuerden que debemos tomar un vaso de agua, o respirar. Es parte de este mismo mundo frenético en el que estamos subidas, y al que le prometemos que ya vamos a empezar a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida: un café, una película, una charla, un almuerzo familiar, una quedada de amigas. Simple. Pero el día nunca llega. ¿Te suena?

¿Será que a veces nos llenamos de cosas para “hacer” porque es más fácil que  simplemente“ser”? Sabemos cuál es el camino. Lo vemos. Pero a veces, la posibilidad de vivir mejor y con más tiempo libre, parece estar en una realidad paralela. ¿Por dónde podemos empezar a cambiar?

• Proponiéndonos estar en un lugar y en una cosa por vez. Porque de lo contrario no estamos en ninguna parte. Y esos pendientes nos llenan de ansiedad. Solo habitando el momento presente podremos conectarnos con nosotras mismas.
• Entender, que muchas veces no podemos cambiar la realidad, pero sí nuestra mirada acerca de ella (podemos responder a ella de manera diferente). Es todo un ejercicio. Pero vale la pena.
• “Olvidarnos” el móvil en algún momento del día: dejarlo en la cartera, ponerlo en modo avión, ir hasta el quiosco y que quede en casa. Produce una sensación grande de libertad, y nos permite conectar con todos los sentidos con aquello que estamos haciendo, y confiar en que todo sigue igual aunque no estemos conectadas.


• Anotar lo que tenemos pendiente para que no nos ocupe lugar en la cabeza.
• Dormir bien. El sueño es salud. También hacer actividades como coser, bordar, origami, pintar, tener un huerto. Por algo hay quienes dicen que es otra forma de meditar. Porque la mente se abstrae y sólo piensa en eso que está haciendo.
• Saber que sólo dos minutos de respiración consciente y profunda al día (en cualquier momento), pueden ayudarnos a desintoxicar el cuerpo y la mente y conectarnos con el aquí y ahora. ¿Cómo? Es muy fácil. Anna Fedullo, terapeuta transpersonal, instructora de meditación y mindfulness, nos da el paso a paso:

1. Poner la alarma del teléfono para que avise a los dos minutos.
2. Nos sentamos cómodas con la columna vertebral erguida. También lo podemos hacer acostadas.
3. Cerramos los ojos. Si preferimos mantenerlos abiertos, debe ser centrándolos en un punto fijo.
4. Entrelazamos los dedos de las manos y los ubicamos en el abdomen para sentir los movimientos.
5. Nos hacemos conscientes de la respiración: cuando inhalamos profundo por nariz, el abdomen se expande. Cuando exhalamos todo el aire por boca suavemente, el abdomen se contrae.
6. Tratamos de dejar ir los pensamientos.
7. Después de dos minutos nos sentiremos reseteadas para seguir con nuestro día.

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